Pantallas y educación:
importa más cómo se usan que cuánto se usan
Durante años, el debate sobre la relación entre jóvenes y tecnología se ha formulado casi exclusivamente en términos de tiempo: ¿cuántas horas de pantalla son demasiadas? Sin embargo, esta pregunta parte de una simplificación problemática. No todas las actividades realizadas mediante una pantalla son equivalentes ni tienen los mismos efectos.
27 de mayo de 2024

La American Academy of Pediatrics (AAP) propone superar esta visión basada únicamente en el número de horas y analizar el uso consciente de los medios digitales dentro de un contexto más amplio. Su enfoque actual reconoce que la tecnología puede producir beneficios y perjuicios, y que sus efectos dependen de la calidad del contenido, del diseño de las aplicaciones, de las características del menor y del entorno familiar y social.
Uso de pantallas en educación secundaria: no todo el tiempo de pantalla es igual
Pasar treinta minutos hablando con un familiar por videollamada, realizando una actividad educativa o consumiendo vídeos breves mediante reproducción automática implica experiencias cognitivas y sociales completamente distintas, aunque el tiempo y el dispositivo sean los mismos.
Por eso, la AAP (Academia Estadounidense de Pediatría) recomienda prestar atención a varios factores:
- La calidad del contenido: qué ve o hace el niño y si ese contenido está adaptado a su edad y desarrollo.
- El contexto de uso: cuándo, dónde y con qué propósito se utiliza la tecnología.
- La interacción: si el uso es pasivo o promueve la participación, la conversación y la creación.
- El co-visionado: especialmente en edades tempranas, la presencia de un adulto puede ayudar a interpretar y trasladar lo aprendido a otras situaciones.
- Lo que desplaza: si el uso digital interfiere con el sueño, la actividad física, las relaciones, la lectura, el juego o cualquier otra experiencia necesaria.
Este último criterio se conoce como crowding out, y se refiere a que no solo importa cuánto tiempo ocupa una tecnología, sino qué otras actividades está desplazando. La propia AAP señala que medir minutos u horas ofrece una información insuficiente si no se considera la naturaleza de la actividad realizada y qué actividades se están dejando de hacer por ella.

Tecnología en el aula: ¿cuál es su verdadero valor pedagógico?
En educación, este enfoque obliga a plantearse una pregunta especialmente relevante: ¿la tecnología aporta un valor que no ofrecen, o no ofrecen del mismo modo, las alternativas no tecnológicas?
Una actividad digital puede permitir al alumnado manipular variables, observar procesos difíciles de reproducir en el aula, recibir retroalimentación inmediata, contrastar hipótesis o representar fenómenos complejos. En estos casos, la pantalla no constituye la actividad educativa: es el medio a través del cual se desarrolla una experiencia de aprendizaje determinada.
Por tanto, no es equivalente utilizar una aplicación diseñada para estimular el consumo rápido y continuado —como sucede con algunas redes sociales, por ejemplo— que trabajar con un recurso educativo que exige observar, razonar, tomar decisiones y construir explicaciones. El dispositivo puede ser el mismo; el diseño cognitivo de la experiencia no lo es.
Cómo identificar los riesgos reales del uso de pantallas en menores
Superar la idea de que toda exposición a una pantalla es perjudicial no significa ignorar sus posibles riesgos. Los problemas aparecen, sobre todo, cuando:
- el uso interfiere con el sueño, el movimiento o las relaciones personales;
- el contenido es inapropiado para la edad;
- la experiencia es predominantemente pasiva;
- la tecnología se convierte en la única estrategia para calmar el malestar;
- no existe acompañamiento ni conversación;
- el diseño busca prolongar el uso mediante reproducción automática, estímulos constantes, publicidad o patrones manipulativos.
La AAP advierte expresamente sobre estos diseños orientados a capturar y retener la atención, y los diferencia de aquellos concebidos desde las necesidades, la seguridad y el desarrollo de los menores.
Claves para una relación digital saludable
Las recomendaciones de la AAP no invitan a renunciar a los límites, sino a establecerlos con sentido y teniendo en cuenta la edad, el desarrollo y las circunstancias de cada niño. También aconsejan favorecer contenidos de calidad, compartir algunas experiencias digitales, conversar sobre ellas y evitar que los dispositivos interfieran con el descanso y la vida familiar.
La cuestión, por tanto, no puede reducirse a decidir entre «pantallas sí» o «pantallas no».
Cuando se trata de valorar la tecnología, importa el tiempo, pero también —y especialmente— qué se hace con ella, cómo se hace, con quién y para qué. Comprender esta diferencia permite proteger a niños y adolescentes frente a los usos problemáticos sin renunciar al potencial educativo de recursos digitales bien diseñados.
Para más información, consulta la guía de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP): Beyond Screen Time: A Parent’s Guide to Media Use

La International Science Teaching Foundation (ISTF) es una organización sin ánimo de lucro con sede en Londres y Barcelona. Somos una entidad global comprometida con la mejora de la enseñanza de las materias STEM a escala planetaria. Colaboramos con docentes y educadores expertos en las materias científico-tecnológicas con diferentes bagajes. Nuestra intención es crear una comunidad internacional de profesionales de la educación STEM con dedicación activa y compromiso.











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